martes, 31 de octubre de 2017

Ciclo Incógnito



El viernes 3 de noviembre voy a estar participando del Ciclo Incógnito con algunas lecturas, en el Espacio Cultural Dinamo (Sarmiento 3096, CABA), 21hs.

Una propuesta donde interactúan danza, teatro, música y literatura.

https://www.facebook.com/events/281826522313712/

¡Invitados!

viernes, 20 de octubre de 2017

LÍBRANOS DEL MAL




LÍBRANOS DEL MAL

Así se llamará mi segundo libro, esta vez de cuentos, que verá la luz en algunas semanas solamente bajo el sello editorial Mil Botellas.

La colección Brindis implica dos publicaciones simultáneas: la de un autor nuevo junto a la de un autor experimentado. En mi caso, tendré el honor de acompañar al gran Miguel Briante.

martes, 19 de septiembre de 2017

Ahora que el frío...

Ahora que el frío
desanima a la gente vil
y que fallan y faltan
alegría, canto y amor,
tengo ganas de cantar
para mantener el placer,
aunque de todos lados
me vengan pérdida, daño,
dolor y afán;
pero a la fuerza se alejarán.

Cuando el hombre posee a su gusto
tiempo, estación y lugar,
poco necesita
esforzarse para tener valor;
lo necesita en cambio
cuando se encuentra en la situación opuesta,
para mantenerse bien;
así el navegante posee
tanto valor que, a pesar del viento
contrario, alcanza el puerto.

Si yo, por fuerza de corazón,
contra todo sufrimiento
aferro y retengo la alegría,
y ahora canto a favor
de todos los hombres desconsolados,
¡que se consuelen! Y miren como
es mejor estar alegre
aunque nada posean
que poseer todo el mundo
para permanecer llorando.

El hombre no adquiere tierra
llorando y suspirando,
sino luchando sabiamente
a fuerza de guerras.
Y debe alabarse aquel
que sabe consolarse
mientras otros desesperan,
y el que tenga valor como
para alcanzar una buena posición,
y no el que duerme y se detiene.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Previa de La Juntada, IX Festival de Poesía Joven



El viernes 8 de septimebre estaré leyendo en el marco de La Manzana de las Luces (Perú 272), en representación de la revista Lewis Carroll junto a los poetas Luca Hardmeier, Gustavo Yuste y Nicolás Heller.

Entrada libre y gratuita.

jueves, 24 de agosto de 2017

Yolleo

Eh vos
tatacombo
soy yo

no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué dí
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
y hasta cuándo

Oliverio Girondo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

París, octubre 1936

De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.

De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extraña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana dase vuelta
y despacha sus sombras una a una.

Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.

César Vallejo, Poemas humanos.

lunes, 31 de julio de 2017

Hombre en la orilla



«La Inglesa dijo que habrá que matar los perros, pero no sé. A la noche da lástima oírlos ladrar así, tan despacio, como si lloraran. Yo no dije nada. Total a este paso se van a comer entre ellos, cualquier noche. Pensar que cuando llegué estaban gordos, y daban miedo ladrando todos juntos, amontonados contra la casa. Y no me dejaban entender lo que decía la Inglesa, con el barullo. Claro, hace tres años era otra cosa. A la casa le duraba la pintura y hasta las tejas tenían otro color. Ni bien crucé la tranquera ya ladraron los perros y vi la casa, parecida a la de la estancia donde estuve antes, casi igual con esas casuarinas altas, las paredes blancas y las ventanas de oscuro. Para completar, los perros, que eran más, acá en La Martita, pero con el mismo ladrido desparejo y atropellador. En aquel tiempo la Inglesa no me hacía acordar a la vieja Laver. Era alta, siempre, y andaba como estirada con esa ropa negra que usó los primeros meses. Porque yo llegué cuando ya se había muerto el marido. Dicen que fue así: una noche estaban juntos, charlando con un doctor del pueblo y unas visitas de la capital, que en ese tiempo venían muchas, según parece, y oyeron ladrar los perros. El Inglés salió solo, con la escopeta cargada. Julia me decía que antes de salir la Inglesa y él se miraron en forma rara, vaya a saber. La cosa es que pasaron como diez minutos y ladrido de los perros se fue cada vez más lejos. Y cuando oyeron el tiro el doctor dijo que le habría tirado algún bicho, hasta que los perros empezaron a llorar. Yo llegué para esa época, hará cuatro años o tres o más»

 De "Habrá que matar los perros", incluido en Hombre en la orilla, Miguel Briante.