jueves, 1 de julio de 2010

La vida errante

"Se separaron al llegar a la siguiente encrucijada. Henri-Maximilien escogió el camino real. Zenón tomó un camino secundario. Bruscamente, el más joven de los dos volvió sobre sus pasos, alcanzó a su compañero y le puso la mano en el hombro:
- Hermano -dijo-, ¿os acordáis de Wiwine, aquella mocita pálida a la que defendíais cuando nosotros, que éramos unos golfos, le pellizcábamos las posaderas al salir del colegio? Dice que os ama. Pretende hallarse unida a vos por una promesa; estos días de atrás rechazó los ofrecimientos de un regidor. Su tía la abofeteó, y la tiene a pan y agua, pero ella resiste. Os esperará, según dice, si es necesario hasta el fin del mundo.
Zenón se detuvo. Algo indefinible pasó por su mirada y se perdió en ella, como la humedad de un vapor en un brasero.
- Tanto peor para ella -dijo-. ¿Qué hay de común entre esa niña abofeteada y yo? Otro me espera en otra parte y a él voy.
Y se puso de nuevo en marcha.
- ¿Quién os espera? -preguntó Henri-Maximilien estupefacto-. ¿El prior de León, el desdentado ése?
Zenón se dio la vuelta:
-Hic Zeno -dijo-. Yo mismo."

Fragmento de Opus Nigrum, de Marguerite Yourcenar.

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