"Pero así eran las cosas, para qué
negarlo. Todo aquello tenía un aire definitivo, un mensaje que proyectaba la
inminencia de la definición ansiada. Había que leer tus palabras, lo bien que
iba todo allá, cada vez mejor. Tanto así que no sabías hasta cuándo se
extendería tu estancia, y entonces se dibujaba una última advertencia en cada
frase tuya, como la antesala de un olvido, y creía entrever en cada una de tus
palabras un anuncio, la ruptura entre dos islas que ya no sabrán más la una de
la otra, salvo el rumor imperceptible del océano que intercede. Y luego qué,
esa sal que la brisa depositara en mi boca se haría cada vez más inalcanzable,
y yo me aferraría cada vez más a ella, como al deseo de una voz vuelto sabor."
Fragmento de Un cielo inhóspito.
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