Un cielo inhóspito.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Cielos
"Es así, de repente uno abre los ojos y comprende que ha caído en el fondo de uno mismo, y que todo ha salido mal, decididamente mal. Sin darme cuenta estaba ahí, echando miradas hacia atrás, descendiendo por una espiral que se desintegraba poco a poco hacia su punto neurálgico, cada vez más vertiginosa. Esperando que allí, parado, con los hombros vencidos, con las manos sucias; embolsando el aire caliente y unas ganas de llorar atrofiadas, cautivas desde otro tiempo anterior, a kilómetros de sal y cemento. Recordando imágenes absurdas, sueltas en la memoria que, incapaz de renovarse, se devoraba poco a poco a sí misma. Como un monstruo que, tras haber consumido sus propias vísceras, las vomitara para reconstruirlas en un rompecabezas, que se arma y se desarma, ad infinitum".
viernes, 18 de septiembre de 2015
Peregrinaje
Al acecho
en este vientre
de escombros
horas y horas
he arrastrado
mi osamenta
gastada por el fango
como una suela
o como una semilla
de espino
Ungaretti
hombre de pena
te basta una ilusión
para darte coraje
Un reflector
del otro lado
pone un mar
en la niebla
en este vientre
de escombros
horas y horas
he arrastrado
mi osamenta
gastada por el fango
como una suela
o como una semilla
de espino
Ungaretti
hombre de pena
te basta una ilusión
para darte coraje
Un reflector
del otro lado
pone un mar
en la niebla
Giuseppe Ungaretti.
domingo, 30 de agosto de 2015
Playas III
«Ella sostiene segundos extraviados en su mirada y los concentra en su interior como si allí, dentro suyo, el tiempo no hallara dónde transcurrir. La habitación es el primer refugio, pero en su mundo cristalizado no hay sino recortes imprecisos: palabras que se desprenden, recuerdos que tapan su voz, repeticiones; deseos que se proyectan sin razón hacia un futuro y un pasado que el tiempo amontonará para soltar luego en un delay. Silencio: manos. Su mente deja entreverar conclusiones alborotadas, se abandona a una meditación errante de ojos indefinidamente celestes. Una fuerza superior le dicta qué hacer, pero ella sabe que baja del cielo: que es en la tierra, en la arena, en el mar donde todo se confunde...»
martes, 18 de agosto de 2015
Futuro III
«La persistencia del mundo se funda en que todos se devoran mutuamente o, antes bien, en que el más poderoso devora siempre al más débil; al hombre, por ser el más poderoso de todos, no puede devorarlo nadie; de modo que él se devora a sí mismo, y sin duda que, literalmente, en el estado originario. Esta es la auténtica causa de las guerras; las otras así llamadas causas son sólo motivos. Ninguna civilización habrá de superar esto, ni puede siquiera hacerlo. La idea es desalentadora; es una idea que podría enloquecernos. Pero nosotros dos no queremos que eso suceda, querido hijo. Si la idea es correcta, ya la merca circunstancia de que sea posible pensarla es, a su vez, una prueba de que al menos el individuo puede elevarse por encima de esta condición.»
Carta de Theodor Storm a su hijo, 3 de agosto de 1870.
viernes, 31 de julio de 2015
Madrugada II
«Mente en blanco, nervio vivo del ser que no cesa. Héctor aprieta más por el contrario, y al otro lado nuevos bríos de liberación, contra sus brazos el pecho, contra todo sí. Hay el despliegue natural de toda lucha. ¿Pero cuánto, cuánto más? ¿Cuánto sabemos resistir? Héctor intuye súbitamente un desenlace y afloja, se quiebra el dolor. No hay más que eso, más explicación que estos brazos que ceden al empuje de Sánchez: tensión pura que lo domina todo, necesidad de un destino.»
sábado, 25 de julio de 2015
Pesadez y liviandad
CAPÍTULO 48
Aquél que persigue el conocimiento, cada día acumulará más, y más pesado se tornará.
Por el contrario, aquél que busca el Tao, cada día tendrá menos, y más liviano se volverá.
Así, el Sabio, teniendo cada día menos, se acercará poco a poco a la gloriosa no-acción.
Y cuando la haya alcanzado, todo lo habrá logrado.
Aquél que persigue el conocimiento, cada día acumulará más, y más pesado se tornará.
Por el contrario, aquél que busca el Tao, cada día tendrá menos, y más liviano se volverá.
Así, el Sabio, teniendo cada día menos, se acercará poco a poco a la gloriosa no-acción.
Y cuando la haya alcanzado, todo lo habrá logrado.
Tao Te King, Lao Tse.
martes, 30 de junio de 2015
El mar
«Siempre, los ojos abarcan cuanto pueden: Este mar, este sol que se funde, los claroscuros que ya comienzan. Si todo fuera normal, mañana iríamos hasta la rambla como tantos jueves, para observar allí fuera lo que ya no me interese, aunque nunca me haya interesado; para saber qué contienen los bolsillos de los abrigos en los escaparates; cómo vibra el sonido de los caracoles (quizá ella me acerque uno al oído, sin pensarlo siquiera), cómo raya la textura vidriosa de la arena en mis mejillas. Si así fuera Edith tomaría un libro en la parte señalada, carraspearía brevemente, abriría su boca para que el viento le arranque las palabras, las esparza por la playa silenciosa y desganada, y luego en mis oídos, en mi propia boca de su boca, las alborote en el agua o en mis ojos…(...)
Cae el sol y lo enrojece todo, lo rasga todo esta hora, lo cura todo. Esta noche no habrá más noche, el mar la urdirá y la llevará de principio a fin, la arrastrará bien lejos, se romperá la humillación, el destino expuesto de esta piel. Falta poco, de madrugada será la última hora. Luego ella comprenderá, clareando la mañana de jueves hará lo que sé que hará: sostendrá nuestro deseo, caminará sola por la rambla buscando un porqué (quisiera contemplar su ida silenciosa en nuestra hora, los ojos vidriosos que no alcanzan), leerá para sus adentros un libro hueco y repetido. Quizá invoque un fragmento que caerá redondo sobre el mar como ahora, y yo oiga su voz como entonces: la melodía de su voz serpenteada en la rompiente, dejando surcos sobre el agua, en la arena, en mis brazos, en su pecho…»
Cae el sol y lo enrojece todo, lo rasga todo esta hora, lo cura todo. Esta noche no habrá más noche, el mar la urdirá y la llevará de principio a fin, la arrastrará bien lejos, se romperá la humillación, el destino expuesto de esta piel. Falta poco, de madrugada será la última hora. Luego ella comprenderá, clareando la mañana de jueves hará lo que sé que hará: sostendrá nuestro deseo, caminará sola por la rambla buscando un porqué (quisiera contemplar su ida silenciosa en nuestra hora, los ojos vidriosos que no alcanzan), leerá para sus adentros un libro hueco y repetido. Quizá invoque un fragmento que caerá redondo sobre el mar como ahora, y yo oiga su voz como entonces: la melodía de su voz serpenteada en la rompiente, dejando surcos sobre el agua, en la arena, en mis brazos, en su pecho…»
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