viernes, 23 de octubre de 2015

Melancolía del poeta

"Creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión que percibimos como parálisis porque no oímos a nuestros sentimientos, que se nos han vuelto extraños. Porque estamos solos con lo desconocido que ha entrado en nosotros. Nos han privado por un instante, de todo lo confiable y habitual y nos hallamos en medio de una transición donde no podemos permanecer. Por eso, también la tristeza pasa; lo nuevo ha penetrado en nuestro corazón, ha ido a sus más íntimos repliegues y ya ni siquiera está allí... sino mezclado con nuestra sangre. Y no llegamos a enterarnos de lo que ocurre. Fácilmente, se nos podría hacer creer que nada sucedió, y sin embargo, nos hemos transformado como se transforma una casa a la que ha llegado un huésped. No podemos decir quién ha venido -quizá no lo sepamos nunca- pero muchos indicios sugieren que el futuro es el que ha entrado de esa manera para transformarse en nuestra sustancia, mucho antes de que aparezca.
Y por eso es tan importante permanecer solitario y atento, cuando se está triste, porque el instante aparentemente en blanco, inmóvil, en que el porvenir nos traspasa, se encuentra mucho más cerca de la vida que aquel otro momento en el cual la vida adviene tumultuosa, desde fuera. Cuanto más serenos, sufridos y abiertos somos en nuestras tristezas, tanto más profunda y decididamente penetra en nosotros lo desconocido, tanto mejor lo asimilamos, y tanto más será nuestro destino. Y un día, 'cuando se realice' (es decir, cuando de nosotros se abra paso hacia los demás), lo sentiremos en lo íntimo, afín y cercano. Y esto es necesario. Es necesario -y a ello tenderá paulatinamente nuestro desarrollo- que nada extraño nos ocurra sino sólo aquello que nos pertenece desde hace largo tiempo."

Cartas a un joven poeta, R. M. Rilke.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cielos

"Es así, de repente uno abre los ojos y comprende que ha caído en el fondo de uno mismo, y que todo ha salido mal, decididamente mal. Sin darme cuenta estaba ahí, echando miradas hacia atrás, descendiendo por una espiral que se desintegraba poco a poco hacia su punto neurálgico, cada vez más vertiginosa. Esperando que allí, parado, con los hombros vencidos, con las manos sucias; embolsando el aire caliente y unas ganas de llorar atrofiadas, cautivas desde otro tiempo anterior, a kilómetros de sal y cemento. Recordando imágenes absurdas, sueltas en la memoria que, incapaz de renovarse, se devoraba poco a poco a sí misma. Como un monstruo que, tras haber consumido sus propias vísceras, las vomitara para reconstruirlas en un rompecabezas, que se arma y se desarma, ad infinitum".

Un cielo inhóspito.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Peregrinaje

Al acecho
en este vientre
de escombros
horas y horas
he arrastrado
mi osamenta
gastada por el fango
como una suela
o como una semilla
de espino

Ungaretti
hombre de pena
te basta una ilusión
para darte coraje

Un reflector
del otro lado
pone un mar
en la niebla

Giuseppe Ungaretti.

domingo, 30 de agosto de 2015

Playas III

«Ella sostiene segundos extraviados en su mirada y los concentra en su interior como si allí, dentro suyo, el tiempo no hallara dónde transcurrir. La habitación es el primer refugio, pero en su mundo cristalizado no hay sino recortes imprecisos: palabras que se desprenden, recuerdos que tapan su voz, repeticiones; deseos que se proyectan sin razón hacia un futuro y un pasado que el tiempo amontonará para soltar luego en un delay. Silencio: manos. Su mente deja entreverar conclusiones alborotadas, se abandona a una meditación errante de ojos indefinidamente celestes. Una fuerza superior le dicta qué hacer, pero ella sabe que baja del cielo: que es en la tierra, en la arena, en el mar donde todo se confunde...»

martes, 18 de agosto de 2015

Futuro III



«La persistencia del mundo se funda en que todos se devoran mutuamente o, antes bien, en que el más poderoso devora siempre al más débil; al hombre, por ser el más poderoso de todos, no puede devorarlo nadie; de modo que él se devora a sí mismo, y sin duda que, literalmente, en el estado originario. Esta es la auténtica causa de las guerras; las otras así llamadas causas son sólo motivos. Ninguna civilización habrá de superar esto, ni puede siquiera hacerlo. La idea es desalentadora; es una idea que podría enloquecernos. Pero nosotros dos no queremos que eso suceda, querido hijo. Si la idea es correcta, ya la merca circunstancia de que sea posible pensarla es, a su vez, una prueba de que al menos el individuo puede elevarse por encima de esta condición.»

Carta de Theodor Storm a su hijo, 3 de agosto de 1870.

viernes, 31 de julio de 2015

Madrugada II

«Mente en blanco, nervio vivo del ser que no cesa. Héctor aprieta más por el contrario, y al otro lado nuevos bríos de liberación, contra sus brazos el pecho, contra todo sí. Hay el despliegue natural de toda lucha. ¿Pero cuánto, cuánto más? ¿Cuánto sabemos resistir? Héctor intuye súbitamente un desenlace y afloja, se quiebra el dolor. No hay más que eso, más explicación que estos brazos que ceden al empuje de Sánchez: tensión pura que lo domina todo, necesidad de un destino.»

sábado, 25 de julio de 2015

Pesadez y liviandad

CAPÍTULO 48

Aquél que persigue el conocimiento, cada día acumulará más, y más pesado se tornará.
Por el contrario, aquél que busca el Tao, cada día tendrá menos, y más liviano se volverá.
Así, el Sabio, teniendo cada día menos, se acercará poco a poco a la gloriosa no-acción.
Y cuando la haya alcanzado, todo lo habrá logrado.

Tao Te King, Lao Tse.