viernes, 16 de mayo de 2014

Futuro

«Estoy destinado a este recuerdo, siempre, no te enojes por lo que no puedo evitar, Edith, yo no elegí mi vida. La oscuridad favorece estos regresos, el insomnio, las madrugadas siempre rompen en silencios que entremezclan la verdad, el sueño y la memoria. Ellos creen que duermo bien y así evito las pastillas. No me engañan, hablan a escondidas en los pasillos, murmuran mientras creen que descanso… No me importa. No me importa despertar en la noche y observar el contorno borroso de mis sueños, las heridas que recrean el pasado. No quiero evitar más nada, esperar más nada, ni postergar… Quiero tomarlo todo ahora en mi mano, Edith, tomarlo todo de una vez para saber por fin qué es lo real y definitivo. Estamos condenados a estas medias tintas, a navegar a siempre la deriva, siempre sin tierra, sin norte… ¿Cuál es nuestro día, el que continuamente se anuncia? ¿Dónde se disuelve esta importancia que vanamente nos adjudicamos? Ahora que espero en duermevela, en lo oscuro, ansío esa luz: la del día que me abrace para decirme que se ha ido, que por fin ha concluido y ya podemos descansar. Ya es casi jueves en la mañana… Sí, Edith. Descansar de este peso que sin embargo vos resististe y cargaste, como un legado ajeno, lo tomaste y lo llevaste, a pesar de todo juraste no dejarme y lo hiciste...»

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