miércoles, 11 de abril de 2012

Líneas

"Trazo una línea en el papel, el profesor dice algo, no puedo escucharlo, sólo puedo concentrarme en esta línea que guía mi vista y con ella se lleva mi pensamiento. Ahora la línea se desvía hacia la derecha, hace un rulo, se enrosca para ir nuevamente hacia la izquierda, donde hay un muchacho con anteojos, que mira aquella rubia, le gusta, es linda, no se puede decir que no, el rulo se corta, es azul, navega un instante sin sentido, se suspende dejando un punto de tinta acumulada, reconcentrada sobre el papel para ir nuevamente hacia la derecha. No es nada, sólo un rulo, una línea, unas palabras que se deforman en mis oídos, que se vencen antes de ser interpretadas, que no son capaces de atravesar la barrera hacia mi cerebro donde sólo hay líneas indefinidas, un triángulo quizá, que se ha formado espontáneamente por mi mano que conduce. Es al revés que siempre, la mano guía el cerebro, al menos da esa impresión, éste se enrosca si aquella se ensortija, avanza si aquella avanza, no hacen nada, qué hago yo acá, inmerso en este camino donde alguien habla para otros, para que esos anoten sin pensar, diciéndoles esto es así, apoyado sobre el escritorio, y luego viniendo de allá hacia acá para que nadie se distraiga. Su voz es como un vaivén monótono, se mezcla con el ruido de los autos que detrás de la ventana hablan el lenguaje de las bocinas, de los motores que aceleran y desaceleran al compás de luces rojas, amarillas y verdes; también hay frenos que se comprimen quemando el caucho, que sube como un vaho hasta el aula y se pierde tras una línea infinita y azul que va de un lado a otro, indescifrable, fundiéndose en el calor estancado sobre nuestras cabezas. Hay que poner especial atención sobre algo que dijo alguien, que dijo cómo iban a andar los hombres en estos días, parece mentira que no podamos comprender, que vamos de acá para allá como esta línea azul, a la izquierda primero, luego a la derecha, indescifrables hacemos un rulo, y luego otro formando un ocho, hasta volver al lugar donde hemos comenzado sin darnos cuenta de que esto no tiene sentido, y si lo tiene no podemos comprenderlo, más allá de esta hoja de papel, donde caminamos hacia el extremo por una línea azulada y luego volvemos hacia el centro; quién dentro del sendero que traza la línea y los rulos podrá saber qué hay fuera, tras el salto del camino, que al final siempre vira hacia una dirección inesperada. Pero al parecer, para muchos la cosa no se va deformando como la línea que traza la birome en mi mano: para ellos, las líneas y las curvas circulares no existen. Por eso anotan, que la línea azul es como dice ese otro que es, aunque ahora las cosas no sean como han dicho que serían, puesto que la línea continúa, imperturbable, va a doblar, hacia dónde, el secreto está en la mano que conduce, que no piensa, cuando piensa se detiene, por eso sigue adelante recorriendo una hoja que algún día estará completa, terminada, mientras tanto sólo puedo ver algunos garabatos sueltos, sordos, que sólo avanzan, girando, ensortijándose sobre ellos mismos, absurdos." 

Fragmento de Un cielo inhóspito.

viernes, 30 de marzo de 2012

Compasión

El convaleciente, Charles Duran, 1860.

"Una vez, sin fuerzas para ponerse los pantalones al levantarse del bacín, Iván Ilich se desplomó en una butaca y quedó contemplando con horror sus muslos desnudos, consumidos, con los músculos muy marcados.
En esto entró Guerasim -con sus botas recias, que despedían un agradable olor a betún-, con paso ligero y firme, con un limpio mandil y una limpia camisa arremangada, que dejaba al aire sus brazos robustos de hombre joven. Se acercó al bacín sin mirar a Iván Ilich y refrenando, evidentemente, la alegría de vivir que resplandecía en su rostro para no ofuscar al enfermo.
- Guerasim... -dijo Iván Ilich con voz débil.
El criado se sobresaltó, temeroso sin duda de haber hecho algo mal, y volvió hacia el enfermo su cara fresca, bonachona, sencilla y joven, en la que empezaba a despuntar la barba.
- Mándeme.
- Me figuro que esto te resultará desagradable. Perdona, pero yo no puedo...
-¡No faltaba más! -Y Guerasim le miró con unos ojos brillantes y unos dientes blancos y jóvenes-. ¿Por qué no iba a hacerlo? Usted está enfermo.
Hizo lo que solía hacer, con manos fuertes y diestras, se retiró y a los cinco minutos volvió a entrar, pisando tan ligeramente como se había marchado. Iván Ilich continuaba sentado en el sillón.
- Guerasim -dijo cuando éste hubo dejado en su sitio el bacín limpio y fregado-: levántame un poco. Yo solo no puedo, y he mandado fuera a Dimitri.
Guerasim se acercó y, con la misma ligereza con la que caminaba, levantó ágil y suavemente a Iván Ilich, le sostuvo con una mano, subió el pantalón con la otra y quiso sentarle de nuevo, pero Iván Ilich le pidió que lo llevara al diván. Guerasim obedeció y, sin el menor esfuerzo, como si no pesara nada, le llevó casi en vilo hasta el diván y le ayudó a acomodarse.
- Gracias. Con qué destreza, qué bien... lo haces todo.
Guerasim sonrió de nuevo y se iba a retirar, pero Iván Ilich se encontraba tan a gusto con él, que no quería dejarle marchar.
- Mira, acércame esa silla, por favor. No; esa otra, pónmela debajo de los pies. Siento alivio cuando tengo los pies en alto.
Guerasim trajo la silla, sin dar ningún golpe, la colocó debajo y levantó las piernas de Iván Ilich hasta dejarlas como el enfermo quería. A Iván Ilich le pareció que sentía alivio mientras Guerasim le ponía los pies en alto.
- Me siento mejor cuando tengo los pies en alto -dijo-. Ponme aquel cojín debajo.
Guerasim hizo lo que le ordenaban. Volvió a levantarle los pies para ponerle debajo del cojín. Iván Ilich volvió a sentirse mejor mientras Guerasim le sostenía los pies. Cuando los apoyó, le pareció que estaba peor.
- Guerasim -preguntó-, ¿tienes algo que hacer?
- Nada, señor -contestó Guerasim, que entre la gente de la ciudad había aprendido a hablar a los señores.
- ¿Qué te queda por hacer?
- ¿Por hacer? Lo tengo todo hecho. Sólo me falta partir leña para mañana.
- Entonces, sosténme los pies en alto, ¿puedes?
- ¿Cómo no? Claro que sí. -Guerasim le levantó más los pies, y a Iván Ilich le pareció que en aquella postura no sentía el dolor en absoluto.
- Y la leña, ¿qué?
- No se preocupe usted. Ya la partiré."

Fragmento de La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi.

domingo, 18 de marzo de 2012

L El arte de vivir

"Un viaje de ida es la vida.
Un viaje de regreso es la muerte.
Secuaces de la vida hay tres entre diez.
Secuaces de la muerte hay tres entre diez.
Hombres que por anhelo de la vida mueven la palanca de la muerte,
también de estos, hay tres entre diez. 
¿Porqué lo hacen?
Porque quieren vivir intensamente la vida.
Siempre he oído decir,
que quien conoce el arte de vivir 
se va por el desierto
sin evitar rinocerontes y tigres.
Pasa en medio de los ejércitos
sin coraza ni espada.
El rinoceronte no tiene espacio 
para clavar su cuerno
ni el tigre donde hundir sus garras.
Las armas no tienen filo para penetrar.
¿Por que razón?
Porque no existe en él, lugar mortal."

Fragemento del Tao Te King, de Lao Tse.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Llanto

Llanto, aflora como el sol del domingo
que nos baña entre risas
entre rondas entre abrazos
y el canto de las aves en bandada

Llanto, no me des tregua alguna
derrámate, como el agua que no bebo
destrúyeme para rehacerme
de una vez y para siempre entero

Llanto, rómpeme los huesos todos
primero intenso luego manso
rómpeme el alma toda
ahógame, quiébrame la voz

Llanto, refúndame
como refunda el canto de las aves en bandada
córtame el pescuezo
desintégrame en tu boca seca

Llanto, desátame de mí
de mi sueño dulce fuerte grave
recupérame de ti en tus brazos
en tus lágrimas desechas

Llanto, sécame los  ojos
acúname como a un niño maltrecho
dame amparo en tus heridas
en la sal de mis mejillas

Llanto, ya ven y no me dejes
que hoy te necesito
para que seas remedio cura
de mi alma contristada.

jueves, 16 de febrero de 2012

Intervalo doloroso



"Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.
Quien me diera ser un niño poniendo barcos de papel en un estanque de la quinta, con un dosel rústico de redes de parral poniendo ajedreces de luz y sombra verde en los reflejos sombríos de la poca agua.
Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar.
¿Razonar mi tristeza? ¿Para qué si el raciocinio es un esfuerzo? y quien está triste no puede esforzarse.
Ni incluso abdico de aquellos gestos banales de la vida de los que yo tanto querría abdicar. Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme.
¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel coche, el conductor de aquel tren! ¡cualquier banal Otro supuesto cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me penetra para que yo la quiera y se me finge ajena!
Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa. La noción de la vida como un Todo no me aplastaría  los hombros del pensamiento.
Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo.
Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de actos.
Por más que por mí me interne, todos los atajos de mi sueño van a dar a claridades de angustia.
Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en que el sueño me huye. Entonces las cosas me aparecen nítidas. Se desvanece la neblina en la que me cerco. Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma. Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas. Todos los pesos visibles de objetos me pesan por dentro del alma.
La (mi) vida es como si me golpeasen con ella."

Fernando Pessoa.

lunes, 13 de febrero de 2012

Zenón

"Mirad bien -continuó Zenón-. Más allá de aquel pueblo, hay otros pueblos; más allá de aquella abadía, otras abadías; más allá de esta fortaleza, otras fortalezas. Y en cada uno de esos castillos de ideas, de esas chozas de opiniones superpuestas a las chozas de madera y a los castillos de piedra, la vida aprisiona a los locos y abre un boquete para que escapen los sabios. Más allá de los Alpes está Italia. Más allá de los Pirineos, España. Por un lado, el país de La Mirandola; por el otro, el de Avicena. Y más lejos, el mar, y más allá del mar, en las otras orillas de la inmensidad, Arabia, Norea, La India, las dos Américas. Y por doquier los valles en donde se recogen las plantas medicinales, las rocas en donde se esconden los metales, que simbolizan cada momento de la Gran Obra, los grimorios depositados entre los dientes de los muertos, los dioses que ofrecen sus promesas, las multitudes en que cada hombre se cree el centro del universo. ¿Quién puede ser tan insensato como para morir sin haber dado, por lo menos, una vuelta a su cárcel? Ya lo veis, hermano Henri, soy en verdad un peregrino. El camino es largo, pero yo soy joven.
- El mundo es grande -dijo Henri-Maximilien.
- El mundo es grande -aprobó gravemente Zenón.- Quiera Aquél que acaso Es, dilatar el corazón humano a la medida de toda la vida."

Fragmento de Opus Nigrum, de  Marguerite Yourcenar.

jueves, 2 de febrero de 2012

Rusia

Sorprendidos por una borrasca, de Nikolai Sverchkov. 

"El problema de la libertad individual frente al grupo es la base de la literatura rusa contemporánea." Ana Ozores, prólogo a La muerte de Iván Ilich.

"Toda la especulación filosófica de los rusos alrededor de este problema y el peligro del relativismo moral, el fantasma de la anarquía, el caos, ocupan a los intelectuales rusos. Las decisivas cuestiones europeas del extrañamiento del individuo frente a la sociedad, de la soledad y el aislamiento del hombre moderno las formulan los rusos como el problema de la libertad. En ninguna parte se ha vivido este problema con mayor profundidad, intensidad y conmoción que en Rusia, y nadie ha sentido de forma más atormentada la responsabilidad ligada a su solución como Tolstoi y Dostoievski." Arnold Hauser, Historia social de la literatura y del arte.