jueves, 18 de junio de 2015

Reír llorando

—Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!

—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...

¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

Juan de Dios Peza.

sábado, 30 de mayo de 2015

Ahora: resentimos del tiempo
sopesamos nuestra pequeña mesa
con tambaleantes algodones
que descaran

este presente
es el agua entre tus manos
la complacencia de servir
el misterio empotrado

el acudir solícito las horas
una a una sin herir
ni olvidar siquiera
la presencia de un llamado.

*

Sea quizá esta indiferencia un síntoma de la gracia
los finos reflejos en el estanque
el partir de una gaviota un ardid sin mañana

Sobre el lienzo de mi pecho terrones polvorientos
y una tibia miseria de al prójimo herir
con leves desbordes de alegría

El erial que habito cada mañana suscita caros vicios
destrona todo cuerpo este inconsistente partir
que no perdona
                          ni puede ser perdonado.

sábado, 9 de mayo de 2015

Rastros

«Se esfuerza por ver, ahora, luego ya no, cierra los ojos, se deja invitar a ese mundo de corolas redondeadas y tallos espigados, a ese dibujo de brotes aromáticos que surgen de la tela como un vapor invisible. Lentamente: desliza sus manos en la tersura del algodón, acepta esa tierra clara y limpia zambulléndose, muy lentamente en la suavidad de los gladiolos, a través del tacto de sus antebrazos, sus brazos, adentrando el jardín con el pecho y las axilas, con su vientre. Se mantiene extasiado en el roce suave del tejido con su cuerpo, fresco contra sus muslos; le sorprende la lisura de los pétalos en sus pantorrillas, en el dorso de sus pies, en sus plantas; se sumerge en un mar de olores viejos, repartidos, recreados, este instante sólo para él, uno a uno: el sabor dulce de las amapolas, de la calma dormida entre su flor simple y amarilla; un aroma perfumado a limpio, inexplicable, suntuoso; el misterio de un olor femíneo, reminiscente, mezclado con la dejadez de la madera, de hortensias recién regadas y tierra fresca.»

jueves, 30 de abril de 2015

Qué es este habitar los bordes
sino entonar cada mañana la canción insistente de lo cierto
Una hermosa cadencia en nuestras manos
hace los golpes
en el salvaje tambor de la falta
Como una piedra preciosa brillamos en la angustia de perdernos
somos un gran desgaste que se acerca a la inconsistencia
Arrancaré furiosamente de nuestro alrededor
             los atrofiados elementos
             que nos hunden en la mentira.

De La belleza del resentimiento, de Valeria Zurano.

miércoles, 15 de abril de 2015

Futuro II



«Habíamos llegado a Jamaica, tres emisarios de la Convención Nacional de Francia. Nuestros nombres: Debuisson, Galloudec, Sasportas; nuestra misión: rebelar a los esclavos contra el dominio de la corona inglesa en nombre de la República de Francia, que es la madre de la Revolución, el terror de los tronos y la esperanza de los pobres, donde todos los hombres son iguales ante el filo de la justicia. Francia, la que no tiene pan para el hambre de sus arrabales pero suficientes manos para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad-igualdad-fraternidad. (...)

SASPORTAS: Hasta que terminemos con nuestro trabajo.
GALLOUDEC: Podríamos empezar ahora mismo. Acaso no hemos venido a liberar a los esclavos. Dentro de la jaula hay un esclavo. Mañana habrá muerto si no lo liberamos hoy.
DEBUISSON: Cuando algún esclavo intenta escaparse o comete otro delito, se lo exhibe como escarmiento dentro de estas jaulas hasta que el sol termina por calcinarlo. Es el mismo método que usaban hace diez años, cuando abandoné Jamaica. No mires, Sasportas, de nada nos va a servir darle ayuda a uno solo.
GALLOUDEC: Siempre muere uno solo. Los números sólo sirven para conocer la cantidad de muertos.
DEBUISSON: La muerte es la máscara de la revolución.
SASPORTAS: Cuando yo abandone Jamaica será otras las víctimas de las jaulas: tendrán la piel blanca, hasta que el sol la oscurezca. Sólo entonces habremos salvado a muchos.
GALLOUDEC: Tal vez sería mejor instalar una guillotina. Es más limpio. La guillotina siempre es una fregona eiciente.
DEBUISSON: La querida de los suburbios.
SASPORTAS: Insisto: con un sol tan fuerte, la jaula es el mejor escarmiento para los blancos.
GALLOUDEC: Cuidado Sasportas, no estamos aquí para discutir sobre el color de nuestra piel.
SASPORTAS: No seremos iguales hasta habernos despellejado unos a otros.
DEBUISSON: Mal comienzo. Mejor hablemos de nuestras máscaras. Yo soy el que fui: Debuisson, hijo de un mercader de esclavos de Jamaica, heredero de una plantación donde trabajan más de cuatrocientos hombres. Hijo pródigo, otra vez en el regazo de su familia para heredar su parte, expulsado del cielo plomizo de Europa, marchito por el humo de los incendios, hastiado de la borrachera sangrienta de la nueva filosofía, otra vez bajo los aires transparentes del Caribe, después de que el horror de la Revolución le revelara la eterna, la única verdad: que todo tiempo pasado fue mejor. También soy médico, me declaro un filántropo que no repara en el origen, el color o la raza de sus pacientes: tanto da el amo como al esclavo. Doy alivio a todos, les devuelvo la salud para que todo siga igual que antes, incólume, como la piel rosada de mi carita de traficante de negros que sólo tiene un terror en esta vida: el miedo a la muerte.»

La Misión, Heiner Müller.

lunes, 30 de marzo de 2015

Pájaros perdidos

1

Pájaros perdidos de verano vienen a mi ventana, cantan, y se van volando.
Y hojas amarillas de otoño, que no saben cantar, aletean y caen en ella, en un suspiro.

5

El desierto terrible arde todo por el amor de una yerbecilla; y ella le dice que no con la cabeza, y se ríe, y se va volando.

8

Su cara anhelante persigue mis sueños como la lluvia por la noche.

19

¡Qué necios estos deseos míos, Señor, que están turbando con sus gritos tus canciones! ¡Haz tú que sólo sepa yo escuchar!

20

No soy yo quien escoge lo mejor, que ello me escoge a mí.

87

Este anhelo mío es para ti, que te siento en lo oscuro; no para ti, que te veo en el sol.

97

Pienso en otras edades, que flotaron también sobre el río de la vida, del amor y de la muerte, y se olvidaron luego... ¡Y qué libre me siento en el morir!

130

Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad.

Pájaros perdidos, Rabindranath Tagore.


jueves, 19 de marzo de 2015

Haikus

2

Tan sólo hablarte.
Rasguño en un aire
que no respiras.

6

Abandonado
por el hombre que fuiste,
ves sólo espaldas.

26

¿Quién me golpea
justo cuando más duele?
¿Quién sabe tanto?

34

Que de mis manos
nacen niños sin manos.
Sólo esto escribo.

37

¡La identidad!
Esa cuenta a pagar
con días muertos.

y 39

Si este alfiler,
su ángel, te hieren... Nada,
es sólo púrpura.

De Sólo púrpura, Daniel Gayoso.