sábado, 12 de noviembre de 2016

Noche

«Andábamos por la ruta en plena noche, y el frío se colaba por los agujeros del suelo. Papá manejaba mirando fijo el camino, y cuando se producía un silencio muy largo me pedía que le diera charla, para no dormirse. Yo trataba de hacerlo lo mejor posible, aunque sé que los temas de conversación de un chico son aburridos para los adultos. Por eso le pedía que me cuente historias de antes, de cuando era joven y vivían con mamá «en una cocina y un baño», como suele decir él, en los tiempos en que yo no había nacido.
Esa noche papá me contó cuando casi le pega a tío Roque, todo porque el tío había sacado mercadería del negocio sin pedir permiso (y no era la primera vez que lo hacía). Esa vez papá se enojó mucho porque el negocio era una sociedad, y entonces no era justo que uno hiciera sin consultar al otro. Yo no me acuerdo porque era muy chico, pero según dicen era un local de revestimientos. Nunca supe bien qué significa eso. Lo que es cierto es que papá le hubiera pegado a Roque si no fuese por tía Maruca, que por suerte los separó y los hizo entrar en razón. El tío se lo merecía, pero la verdad es que pegándole papá no iba a arreglar nada y mamá hubiera hecho un escándalo de aquéllos. De ahí en más el negocio se cerró y, como papá siempre dice: «Cada cual siguió su ruta».
Ahora estoy tan aburrido que se me da por recordar los viajes con papá, mientras espero junto a la ventana que se hagan las cuatro. Esa es la hora en que mamá se levanta de la siesta, y entonces ya va a faltar poco para salir a jugar con Ariel: me lo tiene prometido. Pero todavía queda un rato para que sea hora, y mientras tanto me aburro muchísimo porque yo nunca tengo sueño ni ganas de dormir la siesta, y entonces vengo a sentarme junto a la ventana, para terminar cuanto antes la tarea y salir a jugar pronto...»

domingo, 23 de octubre de 2016

Cae la noche...

Cae la noche como un canto
está en mi boca
la quiero hablar pero no puedo
la quiero ser pero no debo
la quiero hallar

Cae la noche como un tango
como un Dios cortapescuezos
como un río embriagado
pinta los colores de su tedio
y desnuda la vergüenza de las cosas

Cae la noche como un fuego
y ahora sé
que no hubo sino hay
lo que no habrá
y me duelo

miércoles, 12 de octubre de 2016

Piel cobriza III

«Sabe que se acerca. Camina por el sendero con destreza, el bosque de lapacho y palo blanco va quedando lentamente atrás. La espesura de la vegetación crece a los lados volviendo cada vez más necesario el uso del machete. Ha abandonado ya el claro luminoso de los primeros kilómetros, los reverberos de la mañana, las tierras espaciosas donde las hojas de palma blanca dibujaron su filo. Detrás, este sendero va cerrando un techo de copas altas donde el sol se filtra cada vez más disipado. Él camina y rompe las ramas que se extienden sobre su paso húmedo, corta las enredaderas que caen sobre sus ojos, las plantas aéreas que habitan esta espesura extasiada. “En unas horas llegaré a las serranías, cruzaré por el paso oeste y luego, al caer el sol ya estaré cerca...” Abre los ojos a un destello meridiano, se siente un explorador y sin embargo no lo es: ha aprendido a recorrer estos senderos junto a su primo Adalberto, dando pasos de entre selva que sólo los baquianos y los cazadores transitan, “este sendero será mi salida, me salvará mi experiencia, ella me hará renacer…” En la selva el verano no penetra, ésta sostiene su microclima aguado de lluvia. Un escalofrío sube desde el suelo y le toma las rodillas, sus botas, su abrigo. La humedad cubre todo de vida, conserva en cada recodo de selva un dejo fecundo: del musgo de los troncos podridos surgen nuevas formas; los sonidos misteriosos de los árboles se habitan...»

viernes, 30 de septiembre de 2016

Martín Fierro

Ansí me hallaba una noche
contemplando las estrellas,
que le parecen más bellas
cuanto uno es más desgraciao
y que Dios las haiga criao
para consolarse con ellas.

Les tiene el hombre cariño
y siempre con alegría
ve salir las Tres Marías,
que, si llueve, cuando escampa,
las estrellas son la guía
que el gaucho tiene en la pampa.

Aquí no valen dotores:
sólo vale la esperiencia;
aquí verán su inocencia
esos que todo lo saben,
porque esto tiene otra llave
y el gaucho tiene su cencia.

Es triste en medio del campo
pasarse noches enteras
contemplando en sus carreras
las estrellas que Dios cría,
sin tener más compañía
que su soledá y las fieras.



martes, 13 de septiembre de 2016

Pájaro azul

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
montarme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Charles Bukowski

miércoles, 31 de agosto de 2016

Los ríos

Me apoyo en este árbol mutilado
abandonado en esta hondonada
que tiene la languidez
de un circo
antes o después del espectáculo
y miro
el pasaje quieto
de las nubes sobre la luna

Esta mañana me he tendido
en una urna de agua
y como una reliquia
he reposado

El Isonzo fluyendo
me pulía
como a una de sus piedras

He alzado
mis cuatro huesos
y me fui
como un acróbata
sobre el agua

Me he arrodillado
junto a mis ropas
sucias de guerra
y como un beduino
me he inclinado a recibir
el sol

Este es el Isonzo
donde mejor
me he reconocido
una dócil fibra
del universo

Mi suplicio
es cuando
no me creo
en armonía

jueves, 18 de agosto de 2016

Piel Cobriza II

«Ha heredado la fuerza salvaje de su madre, esa capacidad de sobreponerse y continuar ante todo, incluso ante la misma muerte. Porque él estuvo dos veces muerto, o casi, usted debe saberlo.
La primera en las yungas, cuando supieron ir de caza con el Adalberto a las tierras del norte. Buscaban tapires. Dicen que por la dificultad del paso falló el rifle, que fue el primo quien lo sacó de lo oscuro. De lo oscuro donde se había metido y nos contó que estuvo. Sí, fue el Adalberto quien lo salvó con sus primeros auxilios. Le hizo un torniquete en la pierna, lo hombreó dos kilómetros hasta el primer rancho para que algún baquiano les prestara ayuda… La segunda en el mercado, ahicito nomás cruzando la frontera, cuando casi se me desangra por la herida ésa que le hicieron los Juárez en el estómago. Sí, aquella fue una herida grande, como una boca espesa y como podrida por dentro.»